¿
Dónde se encuentra la lealtad?
Quien conoce a los Gracie, sabe bien que llevamos justa fama de mantener
unos estrechos vínculos familiares y una devota fidelidad entre
todos los miembros de la familia. Este tradicional y arraigado espíritu
de clan nos fue transmitido por mi abuelo, Gastão Gracie, que
procedía de las frías y brumosas Scottish Highlands,
las Tierras Altas de Escocia. Cuando Gastão decidió
mezclar su herencia escocesa con la de los fogosos brasileños,
aquel atávico instinto caledonio de unión y fidelidad
para con los lazos de sangre se hizo más fuerte aún.
Tenemos razones para sentirnos orgullosos de nuestro nombre y de nuestra
reputación marcial. Desde siempre, los hijos de Helio Gracie
hemos defendido y seguiremos defendiendo con gran celo el honor sin
tacha de nuestro apellido. Tratar de mancillarlo es enfrentarse abiertamente
con todos nosotros. Y esto no es el comportamiento de unos bárbaros,
sino la respuesta razonable de unos hombres honrados.
No somos los únicos que pensamos de esta forma. Si hojeamos
las páginas de la historia podemos encontrar un sin fin de
nobles precedentes de tan loable conducta. Cuando no existían
ni el fax, ni el teléfono, ni las cédulas de identidad,
ni los abogados, ni los litigios, el nombre de familia eran la palabra
y la garantía de un ser humano. Se llegaba a acuerdos y se
cerraban tratos sin más aval que la confianza, el respecto
y la seguridad que inspiraba el apellido familiar.
Obviamente, para que un nombre goce del debido respeto por parte de
la sociedad en la que vive, lo primero que debe hacer el que lo lleva
es conducirse en la vida con coraje, con sabiduría y, sobre
todo, con honor, poniendo todo cuanto esté en su mano para
asegurarse de que su reputación está fuera de toda crítica.
Quien desee honrar su apellido tiene que hacer lo posible para vivir
con arreglo a los más altos ideales de su linaje.
Y si se comete alguna injusticia en el nombre de su familia, debe
reconocerlo y reparar el daño. La fuerza de la sangre puede
en efecto ser muy poderosa, pero no es tan vinculante como el honor.
¡La honradez está por encima del linaje! Hoy, amables
lectores, con el corazón lleno de pesar, he querido compartir
con vosotros mis reflexiones sobre los temas, harto desagradables,
que han dado pie al artículo de este mes.
Una angustiosa llamada
Hace algún tiempo recibí la llamada de un joven artista
marcial que se entrenaba en otro estado, y me contó algo
verdaderamente inquietante. Parece ser que el muchacho, cuyo nombre
omitiré para evitarle posibles molestias en el futuro, se
había puesto en contacto con uno de los numerosos miembros
del clan de los Gracie que están impartiendo clases en los
EE.UU., con la finalidad de aprender las técnicas propias
de nuestro sistema.
Guardando la identidad de ese pariente mío por motivos legales
(aunque él mismo sabe a quién me refiero), el joven,
cuya historia voy a narrar, me pusó en antecedentes de lo
ocurrido:
1. El susodicho miembro del clan Gracie prometió al muchacho
concederle el status de instructor una vez que completara un extraño
plan de entrenamiento de 100 clases.
2. Antes de empezar aquel confuso programa, le exigió el
pago por adelantado de $16.000 (¡Dieciséis mil dólares!).
3. Después de darle algunas clases particulares, y algo más
de cincuenta clases en grupo, este sujeto suspendió la enseñanza
del muchacho y lo puso de instructor en su academia.
4. Sin saber cómo ni porqué, de repente el joven se
encontró el mismo "instruyendo" a alumnos nuevos,
que pagaban hasta 300 dólares al mes (a razón de 75
dólares por clase) por recibir clases de alguien que apenas
llevaba un mes de prácticas en el Jiu Jitsu Brasileño.
Por este servicio recibía una comisión de un 10%.
En otras palabras, por cada 75 dólares que hacía ganar
a la academia, él recibía 7,5 dólares.
5. Tras un razonable periodo de tiempo, el muchacho empezó
a preguntarse cuándo acabaría su tutoría y
recibiría su certificado. Y cada vez que hacía este
tipo de preguntas al representante de los Gracie, recibía
la respuesta de que tendría que a pagar unos gastos adicionales
de $25.000 (¡veinticinco mil dólares!) para recibir
su titulacíon corespondiente.
Una sincera evaluación
Profundamente afectado, el joven artista marcial se puso en contacto
conmigo y me llamó a la Academia Gracie de Torrance. Me preguntó
si estaría dispuesto a hacerle un examen de sus conocimientos
técnicos, para saber al menos cuál era realmente su
nivel de conocimiento y poder evaluar su propia progresión.
Le dije que no tenía ningún incoveniente en hacerle
la prueba y entonces vino a verme a California. Para empezar, le
pedí que me mostrara algunas técnicas básicas.
Amigos, de no haberlo visto con mis propios ojos no lo hubiera creído.
Su nivel de conocimientos no alcanzaba siquiera el de un cinturón
blanco. No tenía idea de cómo pasar la guardia, carecía
de habilidad alguna para llevar a cabo una montada con seguridad
y efectividad, desconocía las transiciones, ignoraba el escape
de codo, era incapaz de aplicar con precisión estrangulaciones
ni llaves de articulaciones...
Cuando le expliqué mi sincera opinión sobre sus conocimientos
técnicos, el pobre muchacho se llevó una gran desilusión
y se enfadó. ¡Y con toda razón! El había
acudido a mi pariente buscando una instrucción seria y cabal
en el devastador arte del Jiu-Jitsu Brasileño, había
depositado su confianza en él y no tenía motivo alguno
para dudar de su capacidad ni mucho menos de sus intenciones.
Después de todo, aquel individuo llevaba el apellido Gracie,
un nombre que se ha convertido mundialmente en sinónimo de
"pelea real". ¿Cómo no iba espera el mejor
trato?
¡Pues claro que sí!
Las normas de convivencia deben respetarse a toda
costa.
De vez en cuando he recibido críticas por establecer diferencias
entre el concepto del Jiu-Jitsu que se practica en la Academia Gracie,
y la miríada de otras escuelas de "estilos Gracie",
Jiu-Jitsu y Lucha Brasileña, que han crecido por todas partes
de la noche a la mañana en los últimos años.
Algunos afirman que yo he intentado monopolizar el mercado para
mi propio beneficio; que sólo me motiva el deseo de sacar
el mayor provecho material posible; que tengo miedo de la competencia;
que...
¡Por favor, dadme un respiro!
Os voy a contar qué es lo que me preocupa en realidad. Me
preocupan los abusos que tan menudo se cometen contra los confiados
e incautos alumnos de Artes Marciales. Me preocupa que se explote
la reputación del nombre Gracie de manera irresponsable y
sin escrúpulo alguno. Me preocupa también que el uso
de mi apellido se haya convertido en la última táctica
de marketing de todos los mercachifles, charlatanes, y timadores
que operan en la comunidad de las Artes Marciales hoy en día....
Me preocupa que las normas de conducta y convivencia de toda la
vida empiecen a tambalearse.
El verdadero concepto de la Familia Gracie
El sistema de entrenamiento de los Gracie es algo más que
un simple catálogo de técnicas de Jiu-Jitsu que se
enseñan con acento portugués. El auténtico
"Concepto Gracie" utiliza un enfoque único en el
mundo que presenta una doble vertiente en el campo de la enseñanza:
el conocimiento técnico y un hábil método de
instrucción, todo ello impartido por medio de ciertas prácticas
docentes muy específicas desarrolladas por mi padre, Helio
Gracie. El verdadero Concepto Gracie es una filosofía de
perfección, un compromiso con las inalterables normas de
conducta y convivencia, una promesa de calidad sin concesiones.
En cuanto a la desafortunada historia que acabo de exponer, es obvio
que mi pariente es culpable de un total desprecio hacia sus obligaciones
profesionales como instructor de Jiu-Jitsu. Y también es
culpable de una cruel indiferencia por el bienestar de ese alumno.
Aunque concediera a ese sujeto el beneficio de la duda, a lo cual
francamente no me siento inclinado, y teniendo en cuenta los detalles
según me fueron relatados, el comentario más generoso
que podría hacer con respeto a su comportamiento es que este
individuo carece totalmente de la preparación necesaria para
poder satisfacer las necesidades educativas de los que buscan su
ayuda.
Cuando tracé la "línea en el suelo", metafóricamente
hablando, para separar la Academia Gracie del resto de toda esa
farsa que coexiste hoy en día, lo hice por pura necesidad.
No quiero ni puedo responsabilizarme de la pobre instrucción
que están ofreciendo todos esos individuos que pretenden
enseñar el "estilo Gracie", y que lo hacen sin
el apoyo, dirección o supervisión de la Academia Gracie
y de Helio Gracie.
Y en cuanto a todos esos que están viviendo a costa de la
fama de la Academia Gracie, y encima se atreven a poner en tela
de juicio mi fidelidad y mis prioridades, lo único que tengo
que decir es que mi lealtad absoluta pertenece a toda la gente honrada
que viene a mi academia buscando sinceramente los conocimientos
que mi padre ha desarrollado con tanto esmero y dedicación
durante más de 65 años, y que mi primera responsabilidad
son ellos, mis alumnos. Personalmente, mi mayor deseo es ante todo
que la ciencia de mi familia sea impartida con honradez, eficacia
y exactitud, y no voy a escatimar esfuerzos para que esto sea así.
Esta es mi promesa hacia vosotros. Así protejo el honor y
la reputación del apellido Gracie.
Que el comprador tenga cuidado
Pero si os interesa aprender nuestro estilo, y habéis decidido
inscribiros en una academia, como alumnos potenciales de Jiu-Jitsu
Brasileño también tenéis una obligación.
Debéis asumir la responsabilidad de comprobar a fondo las
titulaciones de los que afirman estar enseñando el "Concepto
Gracie". No os dejéis engañar con afirmaciones
fantásticas ni con promesas deslumbrantes.
Utilizad vuestro sentido común. Y sentíos libres en
todo momento de poneros en contacto con la Academia Gracie de Torrance,
si deseáis verificar los títulos de cualquier instructor
en particular.
He llegado incluso a registrar la marca "Gracie Jiu-Jitsu".
Y lo he hecho para contar con recursos legales específicos
y poder actuar contra aquellos que, de manera engañosa y
fraudulenta, se presentan a sí mismos como instructores capacitados
para enseñar el "Concepto Gracie". Perseguir legalmente
a los pretendientes a la herencia de Helio Gracie es caro y requiere
mucho tiempo, pero voy a seguir haciéndolo. Para mí,
el mantener con seriedad la tradición del apellido Gracie
es una obligación y un ineludible compromiso.
El " Concepto Gracie" ha electrizado el mundo de las Artes
Marciales como pocos estilos. Lo ha conseguido porque funciona.
Y funciona porque es una teoría firme y bien fundamentada,
que se enseña de una manera inteligente. No permitiré
que los conceptos científicos de mi familia sean adulterados
o mancillados por charlatanes o timadores. Ni tampoco por gente
honrada si carece de la necesaria formación, por muy buenas
intenciones que tengan y aunque traten de ensalzar el ilustre apellido
de Gracie.
¿Qué significa un nombre?
¡Simplemente, TODO!
Como siempre, me gustaría saber vuestras opiniones, ideas,
preguntas y comentarios. Por favor, enviad vuestras cartas a:
Rorion Gracie
c/o The Gracie Academy
1951 W. Carson St.
Torrance, CA 90501
United States of America
Texto y Fotos::
© Rorion Gracie