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PAOLO CANGELOSI - TRADITIONAL WING CHUN

 

Sifu Paolo Cangelosi. Su nombre es ya hoy en todo el mundo símbolo de verdad Marcial, de compromiso con sus alumnos y con la tradición más pura del Kung-Fu. Sus varias series de vídeos han descubierto a estudiantes de todas las latitudes estilos tan diversos como el Pa Kua, el Tai Chi, el Hung Gar, etc. Sin embargo, han tenido que pasar 33 años de práctica para que por fin vea la luz un trabajo suyo en uno de los estilos que mejor domina y que más disfruta, el Wing Chun.
Sifu Cangelosi lo aprendió directamente en China de su Maestro Fu Han Tung. Su estilo, más allá de las particularidades técnicas que le caracterizan está empero diseñado sobre una forma de entender el Kung-Fu siempre tradicional, didáctica y extremadamente precisa. Sifu Cangelosi ha preparado asimismo un vídeo fuera de serie en el que nos adentra en su forma y conocimiento del Wing Chun, a través de una completa aproximación que incluye sus orígenes y tradiciones filosóficas, sus principios y por supuesto sus aplicaciones técnicas. Debemos remarcar la recreación del mito de la creación del estilo, magníficamente filmada. Dos largas horas que satisfarán los paladares más exigentes.
En el presente artículo conoceremos algunas anécdotas que ilustran las vivencias del Maestro Cangelosi en su aprendizaje del estilo y algunas consideraciones sobre un estilo que cada día tiene más adeptos entre los amantes del Kung-Fu.


EL WING CHUN ES KUNG-FU

Wing Chun
Grandes Maestros

WING CHUN
Sólo tenía 11 años cuando iba al sótano de un edificio a aprender Kung-Fu cada día. Uno de esos días me llamó la atención un hombre que entrenaba frente a una columna de cemento, sus movimientos eran simétricos y mantenía sus piernas en una posición estática, mientras ejecutaba un movimiento lento de rotación, acompañado por una ligera vibración con su mano. Aquel hombre era Fu Han Tung y estaba practicando una forma del estilo Wing Chun: la Sil Lim Tao, después fue mi Maestro.
Hacía 3 años yo me había iniciado en las Artes Marciales, concretamente en el Ju-Jitsu y desde hacía muy poco había empezado a practicar Kung-Fu.
Cuando empecé con el Wing Chun, durante los primeros meses aprendí las posiciones básicas, sus desplazamientos, los cambios de guardia y los puños fundamentales; si bien no podía evitar sentirme impaciente por iniciar cuanto antes la forma que mi Maestro estaba practicando aquel día. Además cuanto más practicaba el estilo, más me deslumbraban sus cualidades técnicas.
De la ejecución de la primera forma me fascinaba la precisión milimétrica de sus técnicas, el ritmo que alternaba movimientos lentos con otros muy rápidos y explosivos, así como la energía que se transmitía en sus acciones. El sentido misterioso y tradicional del estilo despertaba en mi interior una sensación preciosa: me estaba enamorando del Wing Chun.

Pasados algunos meses, vi la misma forma en la edición australiana de un libro de Wing Chun. Me sentía orgulloso al comprobar que yo estaba estudiando lo que otros Maestros practicaban y enseñaban en otra parte del mundo.
Tras el rotundo éxito de las películas de Bruce Lee, observando algunas fotos suyas reconocí al actor en una postura de la Sil Lim Tao; entendí entonces que si todos practicaban esa forma, debía empezar a practicarla y descubrir sus secretos.
Al principio mi entrenamiento era sobre todo físico y muy técnico, pero con el tiempo mi práctica era cada vez más interiorizada. El estudio de las aplicaciones a través de los principios de la interceptación y el control me sirvió de gran ayuda para comprender literalmente el sentido de la Sil Lim Tao ("pequeña idea").
Mi Maestro recurrió a la columna de cemento del sótano para hacerme entender el concepto de la "línea central" y los "niveles", así como las referencias teóricas del cuerpo humano para mostrarme los blancos útiles y las trayectorias para ejecutar los movimientos.
Justo en el centro de la columna, trazaba una línea vertical imaginaria que correspondía a la línea central de mi cuerpo, de forma que mis brazos tenían que actuar siguiendo líneas rectas en dirección a ella ejecutando técnicas de ataque y defensa para lograr mayor rapidez y eficacia.
Además la columna estaba recorrida por tres líneas horizontales imaginarias a tres niveles distintos que correspondían a la cara, el plexo solar y el bajo abdomen. Sus intersecciones con la línea central vertical definen seis áreas denominadas "las 6 cancelas" o "las 6 puertas" que constituyen los blancos de referencia que pueden alcanzarse siguiendo trayectorias rectas o convergentes.
Además de la construcción geométrica de las técnicas, mi Maestro insistía en la importancia de la respiración y de la mirada que han de acompañar cada gesto de expansión y contracción de la forma. El ritmo interior bailaba y fluía con la parte física de las técnicas expresando un equilibrio energético perfecto. Así empecé a comprender que el Wing Chun no podía integrarse entre los denominados estilos exteriores. Por eso mi Maestro siempre decía que podía practicarse sin ninguna dificultad a los 100 años.
Durante 10 años aprendí exclusivamente con mi Sifu Fu Han Tung, ajeno totalmente a lo que ocurría en otras escuelas del mundo. Entretanto amplié mi formación marcial aprendiendo Kung-Fu y otros estilos marciales, si bien el Wing Chun se distinguía por sus conceptos y principios de acción aparentemente sencillos, pero tremendamente eficaces.


Hace 25 años viajé por primera vez a Hong Kong, dónde tuve la oportunidad de ver a otras personas practicar Wing Chun. Aunque aprecié ciertas diferencias en el enfoque de las técnicas y en la interpretación de sus aplicaciones, los principios de acción que yo trabajaba con mi Sifu eran más o menos los mismos. Dicho de otro modo, a pesar de las interpretaciones personales de cada Maestro, el alma del estilo permanecía inalterable. Acudí a entrenar a distintas escuelas de la corriente del Gran Maestro Yip Man y comprobé que algunas de las cosas que yo conocía no se practicaban allí. Mi Maestro me explicó que muchas técnicas que yo había aprendido, procedían de uno de los países de origen del estilo y formaban parte del patrimonio técnico de las viejas escuelas; me puso como ejemplo la utilización de herramientas como la bola de piedra o el anillo de bambú que con el paso del tiempo se habían ido perdiendo porque las generaciones modernas utilizaban métodos de entrenamiento más avanzados, abandonando los tradicionales.
Un día un joven chino me invitó a practicar el Chi Sao (las manos pegajosas), uno de los ejercicios técnicos más característico del Wing Chun basado en mantener el contacto, desarrollando el control de los miembros a través de la sensibilidad y la habilidad de ceder, intuyendo el mínimo movimiento del adversario y aplicando y respetando los principios y los movimientos llave del estilo: "un arte en el ejercicio". Mi Maestro siempre me decía que entrar en contacto en la corta distancia con un buen practicante de Wing Chun es como quedar atrapado en una telaraña. Willy, así se llamaba el joven, tras tomar contacto con mis brazos, me atacó con agresividad, sin respetar ninguna regla técnica del estilo y olvidando todos los principios de ese ejercicio. Me lanzó un puño que no alcanzó el blanco, se desequilibró y se cayó hacia adelante, intentando golpearme en los genitales. Parecía un niño que quería ganar a toda costa. ¿Así entendía él el Chi Sao?
Ahora esto no me resulta tan extraño ya que muchas personas confunden este ejercicio con el combate libre, cuando en realidad solamente es un método para extrapolar algunos elementos que se aplican sucesivamente de forma libre.
Otro de los ejercicios técnicos que caracterizan el Wing Chun son las técnicas de pierna. Recuerdo como el término "patear" siempre estaba presente en mi entrenamiento diario. En aquella etapa saber lanzar una patada significaba tener mucha elasticidad en las piernas, ser rápido y lograr llevar cualquier técnica más allá del nivel de la cara.
Cuando mi Maestro me hablaba de las patadas del Wing Chun no conseguía apreciar su valor técnico, aunque si reconocía la diferencia existente en el enfoque de esos movimientos. Eran patadas con características específicas que, como en las técnicas de brazos, preferían la línea recta.
Cuando ejecutamos una patada podemos colocar el cuerpo en posición frontal o semilateralmente. La posición de la espalda y de la pelvis es natural, sin inclinar el tronco hacia atrás y sin desplazar las caderas hacia adelante, permitiendo así la continuidad entre los brazos y las piernas tan característica de este método.
La patada generalmente no se repliega, sino que una vez lanzada baja al suelo con la pierna extendida para mantener lejos al adversario. La carga suele ser mínima para optimizar la economía del movimiento y resultar imprevisible.
Otra característica son las combinaciones de patadas a distintos niveles de altura, tanto las semilaterales como las frontales suelen realizarse con la misma pierna. Lanzar patadas a medio y bajo nivel permiten actuar con eficacia, sin necesidad de disponer de una elasticidad muscular y de una movilidad articular extraordinarias, pudiendo además desarrollarse en la corta distancia.


Las técnicas de defensa con las piernas (paradas, bloqueos y controles) desarrolladas en el Wing Chun son interesantísimas. Las paradas desvían la trayectoria del golpe del adversario. Los bloqueos interrumpen la acción en la fase creciente. Los controles entran en contacto y siguen la técnica desplazándola o interrumpiendo su acción.
Recuerdo una anécdota relacionada con las técnicas de pierna del Wing Chun. Como he mencionado "patear" era una de las prácticas que más me fascinaban de mi entrenamiento. Todos los días lanzaba patadas al vacío y a los sacos, practicando más de tres mil técnicas, así que pasados algunos años tenía un excelente nivel. Un día mi Maestro me propuso hacer un intercambio técnico de piernas con él. Al principio estaba un poquito bloqueado y le lanzaba patadas lentas y previsibles, así que él me estimuló para aumentar el ritmo. Pensé que me estaba examinando y ejecuté técnicas más precisas y rápidas que superaron su defensa con facilidad. Al finalizar, me felicitó. De camino a casa tenía sensaciones contradictorias, por momentos me sentía exaltado por haberlo hecho mejor que mi Maestro y luego, de repente, sentía que le había faltado al respeto. Pasaron algunas semanas y el Sifu me propuso un segundo combate utilizando sólo las piernas. Para evitar lo de la primera vez le pregunté si se trataba de un examen o un entrenamiento. El me contestó tajante: "¡Empéñate al máximo!". Manteniendo el debido control de la técnica empecé a lanzar patadas, pero esta vez mis golpes nunca alcanzaban el blanco y al acortar la distancia, mis piernas sufrían golpes y más golpes de sus imprevisibles patadas. Ya ni siquiera conseguía levantar las piernas del suelo... Desde luego, aquel día aprendí muchas cosas, entre ellas a apreciar las técnicas del Wing Chun y, sobre todo, lo que significa "ser un Maestro".
Hoy en día muchos practicantes limitan este estilo a la Defensa Personal y no deberíamos olvidar todo lo que crearon los antiguos Maestros. El Wing Chun es Kung-Fu y, al igual que los estilos tradicionales, tiene su propio programa técnico con su historia, significado, simbología y métodos de adiestramiento. Esto no se puede borrar, limitándolo a una sencilla técnica de "puños encadenados".
Desde aquel día que observé a mi Maestro practicando Wing Chun frente a la columna han pasado 33 años; años dedicados al estudio, la investigación y la práctica para perfeccionar un método que aúne lo antiguo y lo moderno, la tradición y la evolución científica. Un método de sucesión que respeta y mantiene vivos los valores éticos, espirituales y técnicos de lo que denominamos Wing Chun.
Me gustaría recordar a todos los practicantes de Wing Chun que, al margen del origen de sus escuelas y de las diversas corrientes seguidas, todos buscamos un perfeccionamiento técnico y un crecimiento interior que desde siempre han servido como estímulo para todos los practicantes de Artes Marciales. No olvidemos la enseñanza más preciosa que el Arte nos regala: el respeto por ella y por todos los que la practican con el corazón. Por lo tanto, no nos perdamos en estériles polémicas o críticas destructivas si nos encontramos en nuestro camino un Wing Chun un poco diferente al nuestro...

Texto: Paolo Cangelosi
Fotos:
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