¿Artes
Internas o Artes externas? ¿Amor o Guerra?
Eros y Eris
Si existe una división esencial y eterna en las Artes Marciales,
ésta viene marcada por su propio nombre.
De un lado lo artístico, del otro Marte. El Arte como paradigma
de Eros y Marte como perfecto ejemplo de Eris.
Eros, el antiguo dios del Amor nace del Caos a la vez que su hermano
Eris nace de la Guerra. Como veis, en las raíces de nuestra
cultura también existía, en sus orígenes, el
concepto de los opuestos complementarios del Yin y del Yang del
mismo modo que en las tradiciones de Oriente. Amor y Guerra son
dos fuerzas opuestas y complementarias y todas las culturas participan
de ambas, si bien es cierto que en determinados periodos de la historia
de los pueblos la tendencia ha sido ensalzar más a una que
a otra.
Como fuerzas indiferenciadas, Eros es tan necesarios como Eris.
El uno crea, el otro destruye para poder renovar así, el
ciclo de la vida, la evolución y el cambio siguen su curso
eternamente. Pueblos como Esparta pusieron más acento en
Eris, mientras Atenas lo puso en Eros, sin embargo de aquella dialéctica
surgió una gran cultura de la que todos en Occidente somos
deudores.
La guerra tal y como dice el gran estratega chino Sun Tsu, es un
asunto de vital importancia, constituye la base que determina la
vida o la muerte, el camino hacia la supervivencia o la aniquilación.
La guerra no es un asunto muy popular en nuestros tiempos en los
que el valor de la vida del individuo se ha incrementado enormemente,
especialmente si miramos hacia atrás en la historia y lo
comparamos con el que se le atribuía en tiempos pretéritos.
Por empatía, más que por ninguna otra razón,
ninguno de nosotros amamos la idea de la guerra. Ni siquiera el
principio que representa posee, digámoslo así, lo
que se dice una muy buena prensa. Esto eventualmente debería
dejar a Eros campando a sus anchas por el Planeta, y el cuerno de
la abundancia, la cultura del vino y la miel sería el pan
nuestro de cada día
pero todos sabemos que no es así.
El fiel de la balanza en los corazones y en las mentes de los humanos
(¡al menos formalmente!) se inclinan hoy en día hacia
"la hermana suave" antes que hacia el hermano destructivo.
Esta preferencia, de facto, ha creado un desequilibrio en nuestras
sociedades modernas. Todo aquello que represente a Eris, la fuerza
de repulsión, lo guerrero, se ve con desagrado y ha sido
apartado y pospuesto: la violencia, la guerra, la muerte
¡si
hasta el propio invierno tiene mala prensa!. El ideal humano, el
paradigma del paraíso es Eros y desde luego se asemeja mucho
más a una isla paradisíaca llena de jóvenes
felices haciendo el amor y por supuesto
¡en verano!
Las Artes Marciales deben, como un todo completo, representar en
sí mismas ambos principios y así lo han hecho durante
siglos, si bien y dado que todo existe en grados, las ha habido
con mayor o menor predominancia de ambas fuerzas a medida que los
estilos se han ido especializando.
Las Artes Suaves, las Artes
Duras
Un hipotético escenario de origen común (una imagen
siempre idealizada) nos hablaría del mítico principio
puro en el que un perfecto equilibrio existiría entre ambas.
Un Arte Marcial donde tanto el Arte como lo Marcial tuvieran su
justa cabida, en el que tanto los aspectos marciales representando
a Eris, como los artísticos en representación de Eros,
se expresarán y formarán parte de su filosofía
y práctica.
Sin embargo, con el paso del tiempo se desarrolló una especialización
diferencial que existe como bien sabéis entre los estilos.
Los hay más propensos, en cuanto a la forma, a los movimientos
suaves y lentos; los hay duros y rápidos. En cuanto al contenido:
hay estilos que fijan la atención del practicante predominantemente
al interior, mientras otros sólo existen en función
del contrincante externo. Así, hasta para el mayor de los
profanos, hay dos tipos de Artes Marciales: las suaves o internas
y las duras o externas.
Bien es cierto que tal división, como todas, es antes una
gama de grises que una línea trazada con un palo en el suelo.
Los diversos estilos afortunadamente y muy especialmente aquellos
más antiguos, inciden en ambas partes de esa línea,
aunque la ley de la predominancia está implícita en
cada forma de entender el Arte Marcial.
Pero permitidme ahondar más en esa característica
diferencial para ver hasta donde nos puede llevar y, dislocando
así la realidad, poder comprenderla un poco más. A
veces sólo poniendo las cosas en los extremos podemos apercibirnos
más profundamente de lo que está oculto tras ellas,
¿no es así? Nadie se sienta pues ofendido por una
caricatura que, a la postre, sólo nos ofrecerá una
ocasión de mirar el conjunto de nuestras prácticas
con perspectiva.
Los estilos internos y sus querencias.
¿Bailas o peleas?
Los estilos internos, tal como sus hermanos del lado opuesto, atraen
decididamente como practicantes a aquellos que les son afines, que
vibran en su mismo tono. Por supuesto, los de los estilos predominantemente
internos no tendrían ningún empacho en declararse
abiertamente y sin ningún pudor como "amantes de Eros".
Los sinuosos y suaves movimientos del Tai Chi son el "queso
en la ratonera" de ese hombre longuilíneo, intelectual,
interesado en las Artes, amante de la Paz y del silencio, preocupado
con la salud, las buenas formas y por el estado de la capa de ozono.
El practicante de Tai Chi (bien entendido que estamos usando el
Tai Chi como ejemplo, y describiendo un personaje estereotipado
y en tal medida falso) se siente atraído de forma inconsciente
hacia su Arte, pues éste sin duda muestra su cara mas "erótica"
(Eros) en un primer contacto. Luego la práctica, si bien
enseñada, sorprende al adepto con sus formas de combate,
lo contrasta con el esfuerzo, con esas posiciones que, para ser
correcta y naturalmente adoptadas, requieren de un enorme trabajo
y de una perseverancia a toda prueba, ¡algo mucho más
"Erítico"!
Pero no sería el primer caso de un Maestro de Tai Chi, ni
posiblemente el último, que se acercara a mí para
quejarse de lo mucho que le cuesta imbuir a sus alumnos del adecuado
"espíritu marcial" en sus prácticas.
Hace unos días, y por cambiar de estilo (no sea que
se de el caso de que se me queje alguno) grabamos un vídeo
con un grupo de practicantes de Esgrima, entiéndase ésta
en sentido amplio, es decir no sólo esgrima de espada sino
también Escrima filipina y lucha con todo tipo de armas.
Su peculiaridad, reside en que sus prácticas se han visto
enriquecidas por el estudio de un material interesantísimo
vinculado a la historia de su país, Italia, desde la Edad
Media y especialmente durante el Renacimiento, donde este Arte era
ampliamente practicado por todo el mundo. "Nova Escrimia",
que así se hace llamar este grupo que tan diligentemente
dirige Graciano Galvani y del que sin duda oiréis hablar
mucho en el futuro, ha escrito varios e interesantes tratados sobre
la materia que han despertado la atención de muchos jóvenes
universitarios. El D'Artagnan que habita en cada uno de nosotros
despertó por supuesto en ellos sus fantasías románticas.
Maese Galvani descubrió, no sin desazón y más
pronto que tarde, que en el preciso momento que en sus clases apretaba
el acelerador de lo marcial (algo por otra parte esencial en su
trabajo cotidiano), sus ilustres pupilos desertaban despavoridos.
Y es que Maese Galvani trabaja su Arte tal y como debe de hacerse
pero el sudor, el esfuerzo y los golpes no son románticos
Algunas escuelas de Aikido, afortunadamente no todas y cada día
menos, siguen danzando entorno a Tori en lugar de aprender a lanzar
un ataque verdadero; algunos ¡Aikidokas no aman nada a Eris!
y, sin embargo, el verdadero Aikido es imposible sin él,
pues tal como lo describió su fundador el Aikido es la unificación
de los dos principios.
Los estilos externos:la vía de Robocop
La eficacia en el combate está sin duda en el origen de todas
las Artes Marciales como una básica aspiración de
justa utilidad. Sin embargo, el reduccionismo de las actuales modas
en el sector están relegando a muchos estilos a una colección
de técnicas para, deportivamente o sin regla alguna, conseguir
reducir al enemigo a un trozo de carne tal y como lo expresó
Groucho Marx "despreciado hasta en una carnicería mexicana"
(¡y que me perdonen los amigos de México! donde hay,
por cierto, magníficas carnes).
Casi completamente entregados en brazos de Eris, las formas profesionales
de combate se focalizan en un aspecto que, no por ser importante,
debe de ser excluyente en la práctica de Artes Marciales.
Las formas policiales y militares de combate se podrían confesar
abiertamente amantes de "Eris", como no podría
ser de otra manera. Sin embargo, en los estilos nacidos o recreados
al calor de los "Vale todo" han transformado al combatiente
en un patético remedo del guerrero e incluso del "militia".
Llevado al paroxismo estas tendencias conducen a muchos individuos
a entregarse, como es bien sabido en estos círculos, al consumo
de esteroides anabolizantes que los convierten verdaderamente en
masas espectaculares de carne, tremendos "Robocop" cuya
función no parece ser otra que la de conseguir destruir con
saña a otra enorme masa de carne en un ring.
¿Cómo puede haber desarrollo personal en quienes se
destruyen a sí mismos?, ¿dónde quedó
Eros en tal camino?
Es cierto que hay entre los amantes de la eficacia toda suerte de
personas, muchos de ellos afortunadamente magníficos deportistas
y luchadores que cultivan sanamente su cuerpo y explayan su ardoroso
espíritu combativo haciéndonos correr ríos
de adrenalina y entusiasmo por su valentía, pundonor y bravura;
individuos, algunos de ellos, que además cultivan su lado
femenino, su intelecto, y su sensibilidad. Pero éstos son
sin duda los menos, no nos vayamos a engañar.

Así pues, si eres más ancho que alto,
gustas más de la acción que de la reflexión
y te pone el heavy metal, es más fácil que termines
haciendo Boxeo antes que Aikido, Free-Fight que Tai Chi, que entrenes
pesas y no estires adecuadamente y que adores la tensión
en lugar del relax.
Verdaderas "Artes Marciales"
Todas las mitologías nos hablan del principio único,
de lo indiferenciado y luego de la dualidad. Nuestro mundo esconde
tras ella su esencia primordial única y, a medida que nos
alejamos de ese principio único, las infinitas combinaciones
binarias dan lugar al Universo en todas sus facetas y posibles.
De las formas unicelulares a las multicelulares, de lo inanimado
a la vida; la evolución es siempre complejidad, multiplicidad,
diferenciación.
Las Artes Marciales no podrían haber seguido otro criterio.
Desde sus orígenes los estilos más diversos han sido
estilos completos, donde el adepto era iniciado en formas de combate
que implicaban un conocimiento de sí mismo y de los demás
cada vez más sofisticados.
Había que atender tanto lo interno como lo externo, había
que ser capaz de escuchar a la Naturaleza y sus signos, curar a
la vez que herir, matar a la vez que dar la vida, pues el guerrero
era a la vez chaman, defensor de la tribu y guardián de los
conocimientos. La especialización vino después, mucho
después y trajo sin duda muchas cosas buenas: nuestra habilidad
creció, nuestros arsenales se afinaron, nuestro conocimiento
también, pero algo se perdió tal vez en el camino
,
algo muy especial que algunos Grandes Maestros se empeñan
en no olvidar.
Las Artes Marciales son Marciales pero también Artes. Internas,
pero externas. Como todo lo grande, las Artes Marciales son paradójicas
y su adecuada comprensión y práctica implican nuestro
ser total: mente, emoción y cuerpo, en un trabajo transformador
y evolutivo que atiende a la persona de un modo completo y no sólo
parcial.
El tiempo de los extremos
Hoy en día la sociedades modernas miran a otro lado cuando
quien aparece en escena es el díscolo Eris. Sus virtudes
han sido denostadas, sus propósitos más bellos desvirtuados,
su presencia apartada. Eris da la vida al destruirla, renueva como
los inviernos la tierra, cuando con sus hielos rompe la fibra vegetal
caída al suelo en el otoño, permitiendo así
que la primavera la pudra para crear el fértil fundamento
de un nuevo ciclo de vida.
La muerte se aparta de nuestras vidas, los cementerios se alejan
de lo cotidiano; la vejez no es ya algo respetable, sino defectuoso;
los niños ya no aprenden de ella pues no conviven con sus
abuelos, y al militar, como al policía, no se les considera
sino un mal necesario al que hay que acudir para que nos saquen
las castañas del fuego.
Nuestras sociedades sólo quieren oir hablar de Eros, pero
claro está, esto no es posible y acaban encontrando (así
lo parece indicar la silenciosa ley no escrita) aquello de lo que
huyen.
Las Artes Marciales de hoy en día viven tiempos de extremismos,
como los del propio Planeta. Los estilos internos cada día
se alejan más de todo aspecto duro pues los propios alumnos
que acuden a ellos atraídos por su encanto, buscan sólo
este aspecto y muchos profesores, que no quieren ver como sus clases
se vacían, ceden indefectiblemente a la presión.
Los estilos externos más extremos cultivan cada vez de forma
más denodada y salvaje la destrucción del oponente
olvidando que existe el Arte, la suavidad, la lucha con uno mismo
y desde luego otro modo de resolver los conflictos que machacando
al prójimo.
La Vía de la armonización
La armonía siempre surge de los opuestos y las Artes Marciales,
si no quieren stricto sensu dejar de serlo, deben combinar ambos
principios para alcanzar la armonía y el equilibrio que los
alumnos demandan en el fondo para sí mismos.
Tal vez hoy, en este marasmo de miles de estilos sin las referencias
de autoridad de antaño, cuando cualquiera opina ¡aún
sin saber!, no nos quede más remedio que mirar a nuestro
alrededor y mirarnos a nosotros mismos para respondernos sinceramente
si el nuestro es un trabajo verdaderamente equilibrado. Para saber
si es Eros quien nos domina en exceso o tal vez Eris quien gusta
de poseernos.
Sabemos que no se puede simplificar, que las cosas no son blancas
o negras, pero con este artículo sólo aspiramos iniciar
una reflexión antes que abrir un debate. Es el típico
texto con el que es difícil "hacer amigos" pues
es crítico, pero nosotros no queremos "mirar a otro
lado" y por ello lo publicamos. Luego que cada cual haga de
"su capa un sayo", pues siempre habrá diversidad
y no sólo la aceptamos (¡véase el contenido
de nuestras páginas!) sino que además somos de la
opinión de que ésta nos enriquece a todos.
De un extremo al otro del mapa marcial todo es posible, pero también
no es menos verdad que existe un justo medio. Como en la flecha
de la evolución el justo medio es la forma mas incisiva de
avanzar, la aguzada vanguardia de la evolución y el cambio
por el que discurrirán siempre los caminos del futuro.
Para todos, sea cual fuere vuestro estilo, ahí va nuestro
sencillo consejo. Cada uno debe seguir su naturaleza, pero sin descuidarse
de trabajar lo opuesto: como artista marcial pero también
y, sobre todo, como personas.
Texto:
Alfredo Tucci
Fotos:
© Budo International Publ. Co.