Las cinco claves ocultas que mejorarán tu técnica
¿Existen fórmulas mágicas para mejorar en el
aprendizaje de las Artes Marciales?
Desde que el hombre es hombre ha dedicado sus esfuerzos a buscar
atajos que hagan más rápido y efectivo su camino hacia
los objetivos o presas que persigue. Si por fórmulas mágicas
entendemos aquellas que sin más te hacen mejorar las respuestas,
por supuesto que no. Reza el refrán que "no hay atajo
sin trabajo" y ésta es una verdad universal. Si por
mágico entendemos aquello que nos permite saltar de plano,
avanzar por las laderas acortando el camino hacia la cumbre, la
respuesta es Sí, por supuesto.
Cada paso evolutivo ha tenido, sin embargo, un precio que pagar,
cuando escoges algo siempre es mucho lo que se deja atrás
y de lado. Pero ésta es la aventura del vivir, el reto del
Ser humano.
Muchos Maestros indican que el gozo está en el camino, no
en la cumbre. Se puede, empero, disfrutar del placer de las vías
alternativas en nuestro sendero y, desde luego, la cumbre siempre
es la cumbre, si bien ésta posee significados muy diversos
según quien la corone. Me explico: para unos la cumbre puede
ser alcanzar la invencibilidad, para otros ser capaz de derrotar
a los demás (¡qué no es lo mismo!), para los
menos trascender el propio combate, ir más allá de
lo dual.
En este contexto la técnica es una herramienta indispensable
para todo estudiante. Ella es en sí misma un atajo para alcanzar
la excelencia, pero es en la forma de utilizarla donde encontraremos
las claves ocultas que darán mayor eficacia a vuestro entrenamiento.

1. Interioriza el movimiento
Cuando comenzamos a practicar todos los estudiantes pasamos por
un etapa de desconcierto. El cuerpo parece no responder a la mente;
emulamos los movimientos que nos enseñan, movemos brazos
y piernas pensando que hacemos lo mismo que los demás
pero el espejo se empeña en desmentirnos. Durante el proceso
de aprendizaje básico dividimos (o nos los explican así)
los movimientos para irlos dominando paso a paso y, poco a poco,
vamos haciéndonos con ellos. Juntamos las letras para hacer
palabras y luego terminamos haciendo frases, hasta que por fin podemos
escribir un libro. Uno de los trucos más efectivos durante
estas etapas es el de aprender a interiorizar el movimiento. Para
llevar a efecto tal cosa uno debe aprender a entrenar en solitario
repitiendo las técnicas con los ojos cerrados. Y es que los
seres humanos somos grandes dependientes de nuestro sentido de la
vista para todo. Al anularlo repetidamente conseguimos identificar
sensaciones que, de otro modo, tardarán mucho en integrarse
en el conjunto de señales que maneja el cerebro para controlar
el movimiento.Cuando un ataque de puño sale, genera una serie
de roces, de angulaciones del tronco y las caderas que dan mayor
o menor eficacia a su aplicación. En la pelea cuerpo a cuerpo
el sentido del tacto es esencial pues uno puede no percibir visualmente
qué hace el contrario mientras los cuerpos están entrelazados.
Un pequeño cambio del peso puede anticipar la siguiente entrada
en Judo, tanto como una mirada telegrafiar el siguiente ataque en
Karate.
Sentir el movimiento no es sólo visualizarlo, sino realizarlo
a la par que integramos las sensaciones que lo acompañan.
Esa información crea conductos dentro del trazado de nuestro
sistema nervioso, autopistas, atajos que en definitiva ahorran energía
que a la postre queda disponible para ser usada en forma de potencia
y velocidad, o lo que es más importante, en forma de atención
a las mil y una variables y situaciones que puede provocar nuestro
oponente.
La práctica continuada con los ojos cerrados dará
alas a tu técnica, la hará más eficiente y,
sobre todo, sobria. El combate es una situación siempre entrópica
donde el que ahorra más termina venciendo, pues el que resiste
vence.

2. "No tensión, no obstrucción"
Los procesos de aprendizaje suponen siempre un gran desgaste y esfuerzo.
Esto suele ocurrir en la medida que al no saber que paquetes musculares
hay que utilizar termina uno tensándolos todos. La Maestría
siempre se mide por la fluidez en la ejecución, por la "complicada
sencillez", la eficaz naturalidad del practicante.
Si de entrada anulas la tensión estarás ahorrando
un montón de energía y probablemente de lesiones.
Tomemos por caso una técnica elemental como la patada frontal,
en la primera parte de la técnica uno debe utilizar los paquetes
musculares de la parte delantera de las piernas, cuadriceps. Toda
tensión en este momento en sus antagonistas, ilíacos,
entorpecerá su acción, sólo en el momento de
completa extensión éstos deben tensarse. Al practicar
aplicándonos en utilizar los niveles mínimos de tensión
indispensables para mover nuestra extremidad, ralentizaremos los
movimientos; esto dará ocasión al cerebro para comprender
toda una serie de implicaciones del resto del cuerpo en el proceso.
Si además lo hacemos con los ojos cerrados el aprovechamiento
será múltiple, "sentiremos" como nuestro
peso se desplaza sobre la pierna de apoyo, como la cadera asciende,
como el tronco contrapesa nuestra acción (de otro modo caeríamos
al suelo), como se estiran los músculos de los pies. Así
pues enfócate en no tensar.
Como en casi todo en la vida nuestro mayor enemigo somos nosotros
mismos. Cuando nos enfocamos en no tensar dejamos de interferir
negativamente, ahorramos energía y descubrimos, sin gran
esfuerzo, aquello que tardaremos mucho más por otras vías.
Al contrario del viejo proverbio de los culturistas "no pain,
no gain" ("sin dolor no hay ganancia") el artista
marcial debería decir "no tensión, no obstrucción".
3. Entrena las técnicas en posiciones diversas
¿Por qué aprender de pie a golpear con el puño,
si lo puedes hacer sentado?
Durante el proceso de aprendizaje el principio de "divide y
vencerás" es, sin duda, una de las estrategias esenciales.
Cuando entrenamos una técnica en una posición distinta
en la que luego vamos a utilizarla, damos una ocasión al
computador central a que concentre su atención en una sola
parte de las fases de ejecución. Yo comprendo que uno se
puede sentir más o menos ridículo pateando tumbado
en el suelo, en cuclillas, o agarrado a la pared, pero en cada una
de estas posiciones estamos aislando los principales músculos
que intervendrán en la técnica cuando la apliquemos
en pie.
Al hacerlo podemos concentrarnos mucho más adecuadamente
en lograr una correcta aplicación del punto 2 de este artículo,
convirtiéndonos en verdaderos avaros con nuestra energía.
Generalmente uno descubre entonces lo inútil que es tensar
grupos musculares que en el fondo sólo actúan accesoriamente
en la ejecución de las técnicas modulando su ejecución,
en lugar de realmente intervenir directamente en ella; grupos que
el neófito tensa inadecuadamente lo cual le resta velocidad
y, en consecuencia, potencia.
Lo mismo es cierto cuando al ponernos en situación distinta
a la habitual cuestionamos el equilibrio de un modo distinto almacenando
datos que nos permitirán valorar y gestionar mucho mejor
los movimientos compensatorios que cada técnica implica en
las áreas que no se comprometen directamente en la ejecución
de cada técnica.
Romper las rutinas en el entrenamiento abre siempre perspectivas
nuevas, conscientes o inconscientes, que nos permitirán acelerar
el aprendizaje.

4. ¡El mundo "alverrés"!
Siguiendo esta clave poderosa ya enunciada de romper con las rutinas,
te propongo poner el mundo al revés. Haz de los ataques,
defensas y de las defensas, ataques. Haz arriba de tu oponente lo
mismo que haces abajo, cambia tu derecha por tu izquierda, tu izquierda
por tu derecha. ¡Pon el mundo patas arriba!
Cuando uno practica una técnica de defensa como ataque o
al contrario, está explorando la "cara oculta"
de la misma, cerrando el círculo en la mente apostando por
la versatilidad. Las técnicas rápidas ejecutadas lentamente,
las lentas rápidamente, haz de lo circular rectilíneo
y de lo recto, circular; el rosario de opciones es casi infinito
para hacer de la paradoja tu aliado.
Ver las cosas desde ángulos distintos ofrece al cerebro una
ocasión para reconsiderar y afirmarse en lo aprendido, dimensiona
tus habilidades y genera un apoyo firme para ser creativo. Si tus
combinaciones favoritas empiezan con brazos, para terminar con piernas,
hazlo al contrario, si primero intentas proyectar hacia delante
para luego aprovecharte de la energía defensiva del oponente
hacia atrás intenta la combinación opuesta; lo menos
que ocurrirá es que descubrirás porqué esas
y no otras son tus favoritas y a lo mejor hasta te sorprendes sorprendiendo
a tus compañeros con una vena creativa que te hace desconcertante
en el combate.

5. Observa la naturaleza. Aplica cada cosa en el combate
"La teoría se ve en la práctica" reza el
antiguo proverbio. Una técnica que no se contrasta en el
combate, como el cuchillo que no se usa, nunca se afila.
Las técnicas mejores son aquellas que surgen como resultado
de la presión que ejerce la habilidad de un compañero
de entrenamiento. Cuando uno se harta de que le entre siempre una
combinación debe comenzar a visualizar el conjunto de acciones
que la neutralizará, entrenarlo primero solo, después
en compañía y por fin aplicarlo con nuestro desafiante
compañero para aprender si funciona o no.
En tal proceso la depuración técnica alcanza sus mayores
cotas de excelencia, la realidad siempre es la más dura prueba
con la que contrastarnos y la Maestría siempre deviene del
roce continuo con ella. Sus argumentos siempre son incontestables,
la naturaleza, la realidad última, es el único Maestro
que nunca se equivoca, por ello siempre ha sido fuente de inspiración
para los budokas en todas las latitudes. Atacar con el poder de
una ola rompiendo en la playa, golpear como un rayo, moverse como
un felino, estirarse como una grulla, deslizarse como una nube,
envolver al contrario como una ráfaga de viento, estrangularle
como una boa constrictor
los ejemplos son bien conocidos pero
penetrar en su misterio sólo conoce un camino: Entrenar,
entrenar y entrenar
y después
entrenar; así
pues, ¡buen entrenamiento!